Plan Estatal de Desarrollo 2013 - 2018

INTRODUCCIÓN

Y el agua crece y habla y participa . . . 
Tiempo que la tormenta fertiliza;
El agua pide espacio agricultor . . .
Esta es la parte del mundo 
en que el piso se sigue construyendo.
Los que allí nacimos tenemos una idea propia
de lo que es el alma y de lo que es el cuerpo.
Carlos Pellicer Cámara: 
“El Canto del Usumacinta”

El agua, la tierra y el hombre son elementos fun­damentales cuya concurrencia e interacción es imprescindible para entender a Tabasco y los tiempos, ritmos, esquemas y posibilidades de su desarrollo económico y social.

El agua transcurre en tales volúmenes en esta región que determina la geografía, tipos, ciclos y métodos de producción y de trabajo, medio ambiente, seguridad y el ser y la historia misma de los hombres que a lo largo del tiempo la han habitado.

El hombre, aferrado a una planicie inhóspita, con alto gra­do de temperatura y humedad, plagada de peligros y en­fermedades, alejado de la civilización durante centurias después de la declinación de las grandes culturas olmeca, maya y zoque que aquí se asentaron, cuya integración a la economía y al desarrollo nacional sólo fue posible a par­tir de mediados del siglo pasado, se ha dado a la tarea de convertirla en un sitio habitable para la vida humana y propicio para las actividades que a ello contribuyen, aten­tando durante ese proceso en alto grado en contra de la sustentabilidad de su medio natural, por lo que hoy paga las consecuencias y se ve obligado a replantearse en for­ma radical su relación con la tierra que habita.

La explotación petrolera, factor exógeno al modelo eco­nómico y social primigenio, alteró su desarrollo al intro­ducir una actividad intensiva en el uso de capital en una economía de sector primario, redimensionando el presu­puesto estatal hasta convertirlo desde los años ochenta del siglo pasado hasta el año 2008 en el más alto del país si lo medimos por habitante, modificando con ello de manera radical las políticas de los sucesivos gobiernos del estado, que han dado desde entonces mayor peso a la atención y solución de los problemas originados por las necesidades de un mercado demandante de bienes y servicios propios de un proceso acelerado de urbani­zación, descuidando las relaciones intersectoriales en perjuicio de un desarrollo integral, particularmente del sector primario.

Como resultado de lo anterior han transcurrido más de dos décadas perdidas para el desarrollo de Tabasco, en­tendido éste como el proceso que lleva a un país o región de un estado atrasado de su economía y condiciones de vida a un estado avanzado de ambos aspectos, lo cual se traduce en cambios cuantitativos y cualitativos en sus ni­veles de bienestar, es decir, de indicadores como son: au­mento en la producción y la productividad, ingreso real per cápita y empleo, reestructuración de la distribución de la riqueza generada y en los datos sobre seguridad, alfabetismo, salud, educación, vivienda y recreación, que conforman entre otros indicadores el llamado Índice de Desarrollo Humano (IDH).

El PLED 2013-2018 tiene carácter estratégico y se en­cuentra conformado por diez apartados que incluyen la presentación y la introducción. El capítulo tres denomi­nado marco jurídico describe el sustento constitucional y legal que lo fundamenta; en el número cuatro se presen­ta la visión general que expresa la raíz del pensamiento y los valores y principios que nutren la filosofía política del Plan y definen la misión, así como las estrategias trans­versales que orientan la acción del Gobierno del Estado; el número cinco expone el método de planeación demo­crática y participativa que se utilizó para conformarlo; el número seis contiene un diagnóstico general del estado, que analiza en retrospectiva la conformación de su es­tructura productiva, la distribución de la riqueza creada y la utilización del excedente económico, las barreras de tipo estructural que limitan la explotación racional y a fondo de sus potencialidades, los rezagos en el desarro­llo social, la pobreza y el comportamiento de variables tan importantes para este propósito como son la produc­ción y el empleo.

A continuación el capítulo siete se conforma por nueve ejes rectores con los que se articulan las grandes líneas de políticas públicas que expresan la visión del gobierno estatal, integral y transversal. Cada uno de los ejes con­tiene diagnóstico, visión, objetivos, estrategias y líneas de acción particulares de los que se derivan los progra­mas sectoriales, especiales, regionales e institucionales de las dependencias y entidades de la Administración Pública Estatal, que se enlistarán en el capítulo ocho, denominado planeación y programas para el desarrollo integral.

El orden en el que se presentan comienza por establecer las acciones a desarrollar para que con el concurso de los actores políticos y los sectores social y privado del estado se fortalezca y consolide, por la vía de la democracia y la construcción de ciudadanía, el andamiaje jurídico e insti­tucional que promueva una mayor participación ciudada­na en los asuntos públicos, así como un mejor régimen de justicia y seguridad para el cambio verdadero. En con­gruencia con lo anterior se establece lo propio para que la Administración Pública Estatal se perfeccione como el instrumento con el que el gobierno ofrezca una respuesta eficaz a los reclamos de la población.

Más adelante se exponen dos factores indispensables para la construcción de una sociedad justa y próspe­ra: la política económica a desarrollar para superar los obstáculos que impiden al aparato productivo estatal al­canzar los niveles de empleo, productividad y competi­tividad adecuados y la política social que con una visión integral, humana, con criterios de equidad de género, atienda las necesidades de toda la población. 

El número ocho plasma el interés del Gobierno del Es­tado en lo regional, en la coordinación de las acciones de abajo hacia arriba, desde el lugar donde se plantean las necesidades, para desplegar una estrategia de de­sarrollo que considere escenarios de largo plazo, con programas y proyectos con enfoque sectorial, especial y regional, para incidir, de manera articulada, en los as­pectos económicos, sociales y ambientales, del campo y de la ciudad.

En el capítulo nueve el PLED establece las bases, méto­dos e indicadores estratégicos y de gestión para medir el impacto y el cumplimiento de los objetivos del Plan, como resultado de la aplicación de políticas públicas en un quehacer gubernamental ordenado, transparente y armónico, mediante la evaluación periódica y sistemá­tica de las acciones proyectadas, que permita su recon­ducción cuando así proceda conforme a la rendición de cuentas.

Concluye el PLED con el glosario que define los principa­les conceptos utilizados a lo largo del documento.

Home Slide Show: 
1
Category Slide Show: 
0

About the Author