Presentación del Plan Estatal de Desarrollo

El Plan Estatal de Desarrollo 2013-2018 (PLED 2013-2018) que presento al pueblo de Tabasco es la respuesta ordenada y sistemática de mi go­bierno, en los términos que dicta la ley, traducida en políticas públicas, a la necesidad de cambiar el esta­do de cosas, de iniciar una transformación profunda de la política, la economía, la sociedad y la cultura hoy que la alternancia es una realidad en el estado y, en conse­cuencia, establece contenidos y énfasis distintos en la conducción y el manejo del quehacer gubernamental y administrativo.

Es una obra colectiva en tanto que contiene el aporte de muchos tabasqueños que expresaron ideas, conceptos y propuestas, en la amplia consulta con todos los secto­res sociales a través de los 21 foros temáticos a los que convoqué y las aportaciones del sector empresarial con­tenidas en el “Acuerdo para el Desarrollo y el Buen Go­bierno del Estado de Tabasco”, durante la campaña elec­toral, y después en mi condición de Gobernador Electo, por medio de las 21 mesas de análisis a las que invité a investigadores, académicos, expertos, dirigentes de or­ganismos colegiados y representantes de sectores pro­ductivos, para enriquecer proyectos y propuestas, más los 18 foros de consulta ciudadana realizados en el seno del Comité de Planeación para el Desarrollo del Estado de Tabasco (Copladet), con rumbo hacia la integración del Plan que hoy entrego.

El salto cualitativo dado por los tabasqueños el primero de julio pasado en una hazaña colectiva para hacer rea­lidad sus sueños de otro Tabasco posible, debe tener su correlato a partir de ahora, con el concurso de todos, en la construcción del desarrollo económico social anhela­do, bajo los principios de un Estado Democrático y So­cial de Derecho. Por ello vamos a replantear el sentido y cambiar el rumbo del gobierno para recuperar su dimen­sión ética, su compromiso democrático y su capacidad de dar resultados a la población. 

El Plan atiende a una visión integral del estado, recono­ciendo al mismo tiempo las diferencias económico-so­ciales de cada región, su vocación productiva, así como la pluralidad política de sus municipios, mediante una pla­neación estratégica con objetivos, estrategias y acciones de mediano y largo plazo, así como soluciones susten­tables y transversalidad en el quehacer gubernamental, induciendo la participación social para la construcción de ciudadanía, en respuesta a las demandas más senti­das de la sociedad.

Tabasco es zona de desastre en su economía, sus finan­zas, su administración y con el 57.2% de sus habitantes en situación de pobreza y marginación. Durante el cuarto trimestre de 2010 registró la mayor tasa de desocupa­ción a nivel nacional y en los últimos tres años el primer lugar en la región Sur-Sureste.

Este es el drama que vive Tabasco. Por muy distintas causas la política, la economía y la sociedad tabasqueña requieren de cirugía mayor, para rehacer el tejido social y recuperar la senda perdida del desarrollo económico.

El cambio verdadero debe reflejarse en programas de desarrollo social que desechen el concepto asistencia­lista. De otro modo difícilmente habrá tranquilidad social, ya que la desigualdad fomenta patologías que pueden erosionar la gobernabilidad democrática y la cohesión social armónica, retroalimentando el déficit de ciudada­nía. La crisis de valores, aunada a la falta de oportunida­des educativas, laborales y de sano disfrute de la cultura y el esparcimiento, han ensanchado la marginación y la pobreza. Libramos aquí, como en el resto del país, una batalla fundamental para nuestro presente y nuestro fu­turo: la batalla por la juventud; o la ganamos gobierno y sociedad o la gana el delito organizado, para mal de los propios jóvenes, sus familias y la sociedad entera.

A partir de la inundación de 1999 enfrentamos de manera recurrente ciclos de desbordamientos de las aguas que es­curren por nuestro territorio. En 2007 se registró otra gra­ve inundación que dañó especialmente a Villahermosa. Del 2008 al 2011 la entidad sufrió en forma continua los estra­gos por el descontrol de varios de los ríos que la atraviesan. 

En el marco de un deterioro debido a múltiples factores, acumulados a lo largo de varias décadas, el campo ta­basqueño languidece. Progresivamente se han reducido las superficies sembradas y los volúmenes de produc­ción de plantaciones y frutales así como del hato ga­nadero. Han quebrado empresas agroindustriales del chocolate, del aceite de copra, de los cítricos, ingenios azucareros, molinos de arroz, la procesadora de leche, y se ocupa en un nivel muy bajo de su capacidad instalada el frigorífico y empacadora de carne de res, otrora orgu­llo de la ganadería tabasqueña.

Sin embargo, en cada actividad destacan las iniciativas y los esfuerzos de los productores por salir adelante. Reconozco en especial a quienes expanden el cultivo de la palma de aceite, la caña de azúcar y las plantaciones forestales de carácter comercial, así como a quienes lu­chan contra las enfermedades del cacao y la copra, por citar sólo a los más relevantes. Saludo las acciones de los ganaderos para superar sus problemas.

Hacer el recuento sobre la situación en la cual se encuen­tra Tabasco sólo tiene sentido para asumirla como diag­nóstico realista del cual partiremos para superarla. Los tabasqueños hemos sabido salir adelante en condiciones de marginación, incomunicación, insalubridad y otros mu­chos desafíos, hasta hacer habitable esta planicie costera del trópico húmedo mexicano. Esta ha sido tierra para la creatividad y la búsqueda de soluciones. Por ello sé que vamos a salir adelante, dejando atrás la pesadilla.

El documento define nueve ejes rectores para la ac­ción que, en los términos de la debida coordinación que contempla la ley, se encuentran en congruencia con los postulados del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 (PND 2013-2018) que presentó a los mexicanos el Pre­sidente de la República, Licenciado Enrique Peña Nieto. En el mismo sentido se trabaja, con pleno respeto a su autonomía, con nuestros municipios, que han estado ela­borando sus respectivos planes al mismo tiempo que el estatal. En cada eje rector se contienen objetivos, estra­tegias y líneas de acción de orden general; las acciones concretas habrán de ser especificadas en los progra­mas sectoriales, especiales y regionales. Se establece una visión integral del estado, que comprende al mismo tiempo las disparidades regionales y los ámbitos muni­cipales, las diferencias entre el campo, la ciudad y las zonas conurbadas, para establecer estrategias y líneas de acción diferenciadas.

El plan se ordena en torno a las siguientes prioridades que establecí desde el principio de mi gobierno:

Primera: Promover con las autoridades federales com­petentes el establecimiento de un programa integral para el manejo del agua, que controle las inundaciones, reduzca los estragos de las sequías, atienda las necesi­dades de suministro de la población en todo el estado y se aproveche para riego con fines productivos.

Segunda: Garantizar la convivencia social y la seguridad pública en la vida y el patrimonio de los tabasqueños, combatiendo el delito y, sobre todo, previniéndolo me­diante el mejoramiento de las condiciones de acceso a más y mejores oportunidades de estudio, trabajo, disfru­te de la cultura y esparcimiento para la población.

Tercera: Creación de empleos suficientes, remunera­dores y permanentes, en una gran alianza con el sector empresarial, así como con los trabajadores y sus organi­zaciones, estableciendo incentivos para la inversión pri­vada y destinando progresivamente mayores recursos estatales a la inversión. Mediante un amplio programa de obras públicas fomentaremos empleos temporales, a la vez que impulsaremos el desarrollo urbano y rural, el efectivo ejercicio del derecho a la vivienda, la ampliación y modernización del transporte, así como la prestación eficiente de distintos servicios públicos, en coordinación con las autoridades federales y municipales.

Cuarta: La lucha por un desarrollo social justo que dis­minuya la desigualdad, pobreza, marginación e insa­lubridad y amplíe la disposición de bienes y servicios públicos a un mayor número de familias y personas en condiciones de vulnerabilidad, especialmente niños, adolescentes y mujeres. 

Quinta: Rescatar el campo tabasqueño con estrategias, programas y acciones que recuperen nuestra vocación pro­ductiva agroindustrial, agrícola, pecuaria, silvícola y pes­quera. De igual forma promoveremos la valoración turística de nuestros recursos naturales y culturales y apoyaremos las iniciativas de productores, organizaciones y empresas para lograr el desarrollo rural sustentable en la entidad.

Sexta: Emprender una gran cruzada con los maestros y demás grupos involucrados para ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la educación en todos los nive­les y grados académicos. Impulsaremos la ciencia y la tecnología, en los campos relacionados con la industria petrolera y las demás actividades productivas. Para ello deberá estimularse una mayor vinculación escuelas-em­presas y el sentido emprendedor de los estudiantes.

La cultura y el deporte se fomentarán en los 17 munici­pios del estado, por su contribución al desarrollo armó­nico de las personas y al fortalecimiento de valores en la sociedad. Se apoyará a los creadores y a los artesanos y se propiciará la difusión de expresiones universales, nacionales y locales.

Séptima: El saneamiento de las finanzas públicas para dejar atrás un gobierno estatal quebrado, gobiernos mu­nicipales precarios y un pueblo crecientemente empo­brecido. Incrementar los ingresos públicos propios; su­primir todo gasto superfluo o innecesario; reorientar el gasto público a la inversión productiva y los programas sociales y reestructurar la deuda pública, son tareas que abordaremos.

Octava: El combate frontal con resultados a la corrup­ción gubernamental y a la impunidad, mediante autén­ticos sistemas de transparencia informativa, control y fiscalización del gasto público y rendición de cuentas, así como a través de la prevención, y sanción en su caso, de las conductas indebidas.

Novena: El diseño y ejecución de una política de desa­rrollo económico integral que impulse los sectores pro­ductivos dentro de una estrategia de gran aliento para retomar la senda del progreso sostenido y sustentable, con tres líneas de acción: 1) La recuperación del campo tabasqueño; 2) El replanteamiento a fondo de la relación con la industria petrolera para convertirla en palanca del desarrollo estatal y 3) La diversificación y modernización de la estructura productiva de Tabasco.

Décima: En la última prioridad, pero no por ello menos importante, fortaleceré el desarrollo político de Tabas­co para ponerlo al día con lo mejor de la transición de­mocrática nacional y convocando a la reconciliación de los actores partidistas y sociales sobre la base de una gobernabilidad sustentada en los valores y principios propios del Estado Democrático y Social de Derecho, así como de la ética política, que no puede ser otra que la ética de la responsabilidad.

Ubicados en la región Sur-Sureste del país, hemos de redoblar esfuerzos con las demás entidades federati­vas involucradas para que junto con el Gobierno de la República y la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) reduzcamos significativamente el rezago e inequidad. Abatir los grandes contrastes entre esta re­gión y las del Centro y Norte del país, no es sólo por razones de eficiencia económica y social o por imperativo ético, sino un asunto de la más alta prioridad por tener que ver con nuestra seguridad nacional.

Por amor a Tabasco hemos decidido cambiar de rumbo. Para ello removeremos obstáculos, enfrentaremos inte­reses creados y acumulados en el tiempo, venceremos resistencias y construiremos soluciones. Tabasco va a salir adelante porque así lo reclama la historia y así lo quieren los tabasqueños.